Me siento en el bar y miro
a la calle.
Veo pasar un viejo, el
vidrio y las gotas de agua que resbalan
Por él me separan de él,
el vidrio… que en su fragilidad
Es más fuerte que sus
huesos.
Veo al hombre en su andar,
Lento por el yugo de la
edad.
A esa ropa desgastada,
A esos lentes de marco
grueso.
A ese mulo de carga con la
espalda encorvada
Por el peso de los años
Que robaron el color
De sus sienes.
Veo a ese viejo que camina
ya un poco más lejos.
Oxidado por el aire que
respira
Trece veces por segundo.
Como el clavo de un banco,
como una manzana mordida
Olvidada en la mesada.
Suicida nato
Como todo orgánico,
Que respira, tal vez más
de lo que necesita, matándose
Con cada inhalación.
Pero es el momento de decirme
ya:
Que deje de ver
A ese viejo cuya piel se
dio por vencida
Y se escurre como la cera
de una vela
Consumida.
Es tiempo de dejar de
recordar mi muerte futura.
Ya es tarde y llego mi
compañía,
Es tiempo de dejar de ver
a esa foto anticipada de mí.
Hora de olvidar la muerte
por unas horas.
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